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Por qué tenemos miedo y cómo superarlo

enfrentarse a los miedos
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¿Por qué tenemos miedo?

El miedo es un sentimiento sano, nos ayuda a evitar peligros innecesarios. Sin embargo, hay temores que escapan al control de la persona afectada convirtiéndose en una dolencia que podría llegar a ser mortal.
Gracias a los estudios neurológicos, psicológicos y psiquiátricos se han desarrollado nuevas y eficaces terapias.

Tener miedo no es algo propio de cobardes, pues todo el mundo alguna vez lo ha experimentado. Desde una persona más débil hasta el más valiente de los guerreros míticos.
Nadie y absolutamente nadie de este mundo puede asegurar que jamás ha sufrido un susto repentino, o haber sentido un nudo en el estómago al encontrarse en una situación inesperada ¿Acaso alguien puede asegurar nunca haber sentido la piel de gallina, o haberse sobresaltado ante un ruido inesperado?

¿Qué es el miedo?

Podemos decir que los biólogos consideran al miedo animal como una clara respuesta de adaptación al medio que nos rodea, indispensable para la supervivencia. Se podría considerar que esta información se encuentra incorporada en los genes de cada especie, y por lo tanto no sería una respuesta aprendida por la experiencia sino más bien una programación preestablecida para con las amenazas del medio.

Respuestas que pueden ser modificadas en caso de ser necesario. Se piensa que esas modificaciones en las respuestas también serán codificadas progresivamente y tras un tiempo podrían ser transmitidas también genéticamente a las generaciones venideras.
Con esto queremos decir que el miedo sería una señal de alarma codificada que sirve como mecanismo de protección y de anticipación ante el peligro, transmisible de generación en generación.

Todo esto claramente, también es aplicable al hombre, pues el miedo que no es patológico también funciona de esta manera como si fuera un mecanismo de defensa y protección.

Años atrás Sigmud Freud, distinguió la idea de una “angustia automática” y la idea de una “angustia como señal”. La angustia automática es aquella que el hombre presenta como respuesta ante situaciones traumáticas, que por algún motivo no puede controlar. En cambio, la angustia como señal es una respuesta que el sujeto elabora y ejecuta frente a una situación de peligro que constituye una amenaza real para él.

Miedo, ansiedad y angustia

A partir de estos pensamientos comenzaremos a distinguir la diferencia entre el miedo objetivamente hablando, la ansiedad y la angustia.
En el miedo, el objeto al cual se teme se localiza de manera externa al sujeto. En cambio, en la ansiedad y en la angustia, el objeto que causa la amenaza tiene relación con el mundo interno del sujeto o su interpretación subjetiva del mundo externo.

Miedos genéticos

Hay miedos primarios que son innatos en el hombre, comunes a todos y que no requieren ser aprendidos porque los mismos vienen impresos en nuestro mapa genético.

Gracias a ellos garantizamos nuestra supervivencia. Podríamos distinguir tres tipos de miedos innatos, el primero de ellos es el miedo a los animales voraces, el segundo es el miedo a los daños físicos y el tercero es el miedo a la separación.

El miedo ante los animales se explicaría por la exposición de nuestros antepasados a depredadores en su rutina cotidiana, mientras que el miedo a la separación les permite a los padres mantener a sus crías cercanas a ellos.

Todos estos tipos de miedo serían normales, sin embargo también existen situaciones descontroladas en donde tanto el miedo como la angustia pueden convertir en prisioneros a los hombres.

Cuando el miedo se convierte en patológico

Es aquí cuando empezamos a hablar de miedos patológicos y fobias. Hablar de esto es destapar un gran grupo de entidades conocidas, tales como las crisis de pánico, las crisis de ansiedad, la desazón, la taquicardia, los mareos, la sudoración excesiva, el temblor e infinidad de ejemplos y señales de este tipo de miedo.

Cuando el miedo escapa a nuestro control lo consideramos una enfermedad. Los afectados culminan por restringir su vida a límites insospechados con tal de no sufrir una nueva crisis.

Ejemplos de miedos

Ejemplos de esto se ven por doquier, como el típico caso en el cual las personas evitan salir de su casa porque todo lo que se encuentra fuera de los límites de sus muros es considerado una amenaza.
Casos más leves pero no menos importantes son aquellos donde el perjudicado evita una situación común, como por ejemplo rendir un examen o hablar en público y lo justifica con una excusa lógica.
Actualmente se piensa que en la población mundial entre un 8 a 10% de la población adulta sufre ataques de pánico. Y probablemente nuestra realidad actual social funcione como un caldo de cultivo para esta situación.

Pues constantemente somos bombardeados con noticias sobre violencia, enfermedades, desocupación, odio, ataques, etc. De este modo es lógico pensar que una persona pueda desarrollar cierto temor ante la sociedad, ante lo desconocido, ante todo aquello que se encuentre fuera del sitio de confort.

Todos estos miedos pueden ser explicados desde diferentes ángulos y puntos de vista, dependiendo del sector desde el cual se lo mire. Sin embargo la función actual de los científicos es no centrarse en oponer distintas teorías entre sí, sino intentar unir para conseguir una solución eficaz al problema del miedo patológico.

El cerebro y el miedo

Existen tres regiones del cerebro que se encargan de modular los temores: la corteza prefrontal, el hipotálamo y la amígdala. Estas estructuras participarían interpretando los estímulos sensoriales y dándole un juicio de valor sobre qué cosas pueden se consideradas un peligro y cuáles no.
Esto puede evidenciarse en los niños pequeños, pues llegado un momento evolutivo cuando la corteza prefrontal se desarrolla, los niños comienzan a sentir miedo ante diferentes estímulos como por ejemplo la presencia de una persona extraña en la casa.

Sin embargo, es la la amígdala la estructura más primitiva capaz de lograr ataques de pánico en el humano. Su estimulación se continúa con una compleja respuesta que involucra diferentes haces y partes del cerebro que culminan con la estimulación del hipotálamo para la secreción de la hormona ACTH. Esta última dirigiéndose a la glándula suprarrenal es la responsable de la secreción de cortisol, una hormona relacionada con la preparación del cuerpo para la huida y el estrés.

Con el cortisol nuestros movimientos se tornan más ágiles, se logra una mayor disponibilidad de glucosa en sangre para ser utilizada como combustible en caso de necesitar huir y en definitiva el cuerpo está más preparado para el movimiento, más agudizado para tomar decisiones rápidas y en un creciente estado de alerta a los diferentes estímulos externos.
De hecho, día a día existe un pico de secreción normal de cortisol que se da principalmente en las primeras horas del día. Muchos atletas y deportistas conocen este ciclo de liberación fisiológica y lo aprovechan para obtener un mejor rendimiento en sus entrenamientos.

Una buena y una mala noticia en el tratamiento del miedo patológico

Debemos decir que hay una buena y una mala noticia en el tratamiento del miedo patológico. La mala noticia para quien lo padece es que la única manera de sobrellevar y vencer al miedo es enfrentándose a él. Es decir que si una persona tiene miedo de salir a la calle no tiene otra opción más que salir a la calle.

Enfrentar al miedo, permite a la persona medir realmente el nivel de peligro que puede existir. Luego de la exposición al objeto de miedo durante un tiempo prudencial, el estímulo se torna conocido y la persona deja de tener.

La buena noticia es que enfrentarse al miedo no implica que el proceso deba significar un sufrimiento para el paciente. Las terapias conductuales están dirigidas para acompañar a estas personas en las sucesivas exposiciones al objeto de miedo hasta que el sujeto pueda acostumbrarse a ello y dejar de temerle.

Por ello, es importante que la persona pueda acceder a una terapia donde se elaborará un plan terapéutico acorde a las necesidades del paciente y su acompañamiento.
Enfrentarse a los miedos estando acompañado es mejor porque no se sufre de la misma manera que sintiéndose sólo. Esto no quiere decir que no haya personas que logran vencer sus miedos sin un acompañamiento, sin embargo es recomendable acudir a un especialista en psicología y también a un médico de cabecera para que evalúen el mejor método a seguir.
Quien no enfrenta a sus miedos, no logra crecer.

En el mundo moderno existen muchas alternativas que permiten a la persona enfrentar situaciones de miedo con el fin de generar acostumbramiento y la erradicación del temor. Estamos hablando claramente de miedos patológicos como por ejemplo la fobia a viajar en avión, en algunas partes del mundo se somete a los pacientes a un simulador de vuelo para que puedan familiarizarse con el entorno y de esta manera cuando enfrentan en la vida real a su objeto de miedo, el nivel de ansiedad será menor.

Existen muchos tipos de fobias y cada uno tiene su nombre. Podemos encontrar fobias a las abejas, al agua, a las agujas, a los animales, a las arañas, a las flores, a la muerte, a la lluvia, a la obscuridad, a los perros, a los relámpagos, a la sangre, etc. Todas ellas son tratables y requieren una evaluación psicológica adecuada.

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